Gómez Alexandra Y Peña Alba Marina.
Es
un método de terapia de grupo que se encargar de ayudar a las personas a
equilibrar el “análisis estructural” planteado por Eric Berne. Dicha terapia
analiza los diferentes estados que integran la personalidad (padre, niño y
adulto) y las formas como articulan y se manifiestan los mismos. Cada uno de
estos estados se encuentra definidos como sistemas de pensamientos que
se muestran, a través de los patrones de la
conducta humana. Estos se forma desde la infancia; en el caso del padre
y el hijo, se forman los primeros cinco años de vida, justo cuando el individuo
construye el esquema mental sobre acciones y vivencias, y en el caso del estado
denominado adulto, este comienza a desplegarse a partir que el infante
desarrolla la capacidad para descubrir por si solo alternativas, respuestas o
conductas que le establecer interacciones con los demás.
En pro de clarificar lo expuesto, se
explica a continuación los estados del Yo, planteados por este autor:
Padre.
Surge como resultado de los modelo de
autoridad (padre, madre, abuelos y hermanos mayores) con los que el individuo
haya tenido contacto, y comprende dos
formas de manifestación; una que abarca
las conductas protectoras, afectivas y dominantes, las cuales al ser excesivas traen
como consecuencia la formación de personas dependientes, temerosas y sin
iniciativa; y otra que engloba las conductas instructivas, autoritarias, normativas
o enjuiciadoras, que por lo general cuando se exceden tienden a formar
individuos frustrados, de baja autoestima o rebeldes. Sin embargo, si estas dos
tipologías del padre se utilizan equilibradamente y de forma oportuna, podría
emplearse la primera como estrategia
para fomentar el potencial creador,
establecer relaciones interpersonales fluidas, caracterizadas por el afecto,
generación de la confianza, la
manifestación de la automotivación y la
practica de valores por parte del individuo protegido. En el caso de la segunda
opción de manifestación, usándose debidamente, se puede fomentar la práctica e
internalización de hábitos (de convivencia, higiene, alimentación, trabajo u
organización), normas y el desarrollo de la
moral.
Niño.
Como en el caso del padre, el niño es un
estado que puede manifestar la persona en cualquier situación que vivencie. Esta
parte del Yo posee características
positivas como la creatividad,
curiosidad y deseo de exploración y puede manifestarse de cuatro maneras; la
primera que engloba las conductas espontaneas, ingenuas, dulces y libres de
influencia, la segunda, que enmarca los comportamientos de obediencia, que
reflejan un grado de subordinación que busca la aceptación de quienes lo
rodean, la tercera que se presenta a
través de acciones inadecuadas,
automáticas, retadoras que no esperan aprobación o aceptación; y cuarto las
conductas ingeniosas, audaces e intuitivas, que presentan una capacidad de
inventiva y el desarrollo del pensamiento reflexivo.
El niño es un estado del Yo que se forma
gracias a las situaciones que se experimentaron durante la primera infancia, es
por ello, que cuando una persona se siente acorralada o intimidada, es probable
que experimente frustración, agresividad, pánico o simplemente se muestre
indiferente, debido a que evoca
respuestas emocionales vivenciadas
durante la infancia. Por esta razón, es
que se dice que un ser humano que se encuentra a merced de sus
sentimientos, deja fluir su niño interior.
Adulto.
Es
el estado del Yo que se encarga de transformar los estímulos en elementos de
información, para posteriormente ordenar y archivar en el consciente la misma,
basándose en la experiencia adquirida. Gracias al adulto, el individuo puede distinguir
entre la vida tal como le fue mostrada (padre), la vida como la sentía (niño),
y la vida como la ve por sí mismo (adulto), debido a que opera en base a la
realidad e intenta equilibrar la sobreprotección o autoridad excesiva del padre y el libre albedrío o rebeldía del
niño. En consecuencia examina los datos del padre para verificar su validez y
posteriormente aceptarlos o rechazarlos y somete a juicio el niño para
comprobar si la manifestación de sentimientos son o no adecuadas a la circunstancia
que se vivencia.
Como se explico anteriormente, cada uno de
los estados del Yo se encuentra en cada ser humano, pero no están de la misma
forma desarrollados, debido a que depende de las vivencias que haya vivido cada
quien. No todo ser humano ha experimentado las mismas situaciones, por ende las
respuestas no pueden ser iguales.
Cuando dos personas interactúan, también
interactúa sus estados del Yo, estas transacciones pueden ser de igual a igual
(padre-padre, niño-niño, y adulto-adulto), así como también pueden ser
desiguales (padre-niño, niño-adulto, entre otros.), sea cual sea el caso, se
debe tratar de manifestar la parte positiva, constructiva y realimentadora de
los mismos, para evitar situaciones inadecuadas o de conflicto, que puedan perturbar
las relaciones interpersonales e incluso el equilibrio de la personalidad.
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