martes, 27 de diciembre de 2011

ANÁLISIS TRANSACCIONAL (Informe)


Gómez Alexandra Y Peña  Alba Marina.

Es un método de terapia de grupo que se encargar de ayudar a las personas a equilibrar el “análisis estructural” planteado por Eric Berne. Dicha terapia analiza los diferentes estados que integran la personalidad (padre, niño y adulto) y las formas como articulan y se manifiestan los mismos. Cada uno de estos estados se  encuentra  definidos como sistemas de pensamientos que se muestran, a través de los patrones de la  conducta humana. Estos se forma desde la infancia; en el caso del padre y el hijo, se forman los primeros cinco años de vida, justo cuando el individuo construye el esquema mental sobre acciones y vivencias, y en el caso del estado denominado adulto, este comienza a desplegarse a partir que el infante desarrolla la capacidad para descubrir por si solo alternativas, respuestas o conductas que le establecer interacciones con los demás.
      En pro de clarificar lo expuesto, se explica a continuación los estados del Yo, planteados por este autor:
 Padre.
      Surge como resultado de los modelo de autoridad (padre, madre, abuelos y hermanos mayores) con los que el individuo haya tenido contacto, y  comprende dos formas de  manifestación; una que abarca las  conductas protectoras, afectivas y  dominantes, las cuales al ser excesivas traen como consecuencia la formación de personas dependientes, temerosas y sin iniciativa; y otra que engloba las conductas instructivas, autoritarias, normativas o enjuiciadoras, que por lo general cuando se exceden tienden a formar individuos frustrados, de baja autoestima o rebeldes. Sin embargo, si estas dos tipologías del padre se utilizan equilibradamente y de forma oportuna, podría emplearse  la primera como estrategia para fomentar  el potencial creador, establecer relaciones interpersonales fluidas, caracterizadas por el afecto, generación de la confianza,  la manifestación de la automotivación  y la practica de valores por parte del individuo protegido. En el caso de la segunda opción de manifestación, usándose  debidamente, se puede fomentar la práctica e internalización de hábitos (de convivencia, higiene, alimentación, trabajo u organización), normas y el desarrollo de la  moral.
Niño.
      Como en el caso del padre, el niño es un estado que puede manifestar la persona en cualquier situación que vivencie. Esta  parte del Yo posee características positivas como la  creatividad, curiosidad y deseo de exploración y puede manifestarse de cuatro maneras; la primera que engloba las conductas espontaneas, ingenuas, dulces y libres de influencia, la segunda, que enmarca los comportamientos de obediencia, que reflejan un grado de subordinación que busca la aceptación de quienes lo rodean,  la tercera que se presenta a través de acciones  inadecuadas, automáticas, retadoras que no esperan aprobación o aceptación; y cuarto las conductas ingeniosas, audaces e intuitivas, que presentan una capacidad de inventiva y el desarrollo del pensamiento reflexivo.
    El niño es un estado del Yo que se forma gracias a las situaciones que se experimentaron durante la primera infancia, es por ello, que cuando una persona se siente acorralada o intimidada, es probable que experimente frustración, agresividad, pánico o simplemente se muestre indiferente, debido  a que evoca respuestas emocionales vivenciadas  durante la infancia. Por esta razón, es  que se dice que un ser humano que se encuentra a merced de sus sentimientos, deja fluir su niño interior.
Adulto.
     Es el estado del Yo que se encarga de transformar los estímulos en elementos de información, para posteriormente ordenar y archivar en el consciente la misma, basándose en la experiencia adquirida. Gracias al adulto, el individuo puede distinguir entre la vida tal como le fue mostrada (padre), la vida como la sentía (niño), y la vida como la ve por sí mismo (adulto), debido a que opera en base a la realidad e intenta equilibrar la sobreprotección o autoridad excesiva  del padre y el libre albedrío o rebeldía del niño. En consecuencia examina los datos del padre para verificar su validez y posteriormente aceptarlos o rechazarlos y somete a juicio el niño para comprobar si la manifestación de sentimientos son o no adecuadas a la circunstancia que se vivencia.
     Como se explico anteriormente, cada uno de los estados del Yo se encuentra en cada ser humano, pero no están de la misma forma desarrollados, debido a que depende de las vivencias que haya vivido cada quien. No todo ser humano ha experimentado las mismas situaciones, por ende las respuestas no pueden ser iguales.
     Cuando dos personas interactúan, también interactúa sus estados del Yo, estas transacciones pueden ser de igual a igual (padre-padre, niño-niño, y adulto-adulto), así como también pueden ser desiguales (padre-niño, niño-adulto, entre otros.), sea cual sea el caso, se debe tratar de manifestar la parte positiva, constructiva y realimentadora de los mismos, para evitar situaciones inadecuadas o de conflicto, que puedan perturbar las relaciones interpersonales e incluso el equilibrio de la personalidad.

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